¿Qué tipo de bombilla gasta menos?

Aunque las empleamos a diario, hasta que nos faltan no somos realmente conscientes de su existencia. Las bombillas son, probablemente, el elemento más importante de las redes eléctricas de nuestros hogares. Cuando alguna se nos funde, y acudimos a la ferretería para reemplazarla, nos encontramos con distintos tipos de bombillas con diferentes especificaciones. Si deseas ahorrar en tu factura de luz y encontrar la lámpara que proporcione a tu hogar la mejor iluminación, sigue leyendo.

En qué fijarse al elegir una bombilla

Hay una serie de cuestiones que importan a la hora de elegir bombilla. Por una parte, la cantidad de luz que irradia, y que se mide en lúmenes. Lo importante aquí es la relación entre watios y lúmenes. Nos interesa que nuestra bombilla genere más lúmenes con menos watios, para ahorrar en nuestro consumo y reducir la huella energética. Con diferencia, las bombillas más ineficientes en este sentido son las incandescentes tradicionales.

Por otro lado, es importante considerar el casquillo de nuestra bombilla. Existen muchos tamaños y formatos, y podemos encontrar bombillas de cualquier tipo en todos los formatos. El tiempo de vida de nuestra bombilla es fundamental también. A comienzos del siglo XX, las primeras bombillas incandescentes se fabricaban para durar hasta 100 años; así lo anunciaban los fabricantes, y así era en la realidad. Sin embargo, las empresas fabricantes de bombillas fueron reduciendo los tiempos de vida de sus productos para que el consumidor tuviera que comprar más de estos objetos. Aunque poco podemos hacer contra estas dinámicas de obsolescencia programada, sí que podemos tratar de adquirir bombillas con vidas medias elevadas, para ahorrar en nuestro bolsillo y en nuestra huella energética.

Otros dos factores que se entrelazan son, por un lado, los ciclos de encendido de cada bombilla, y, por otro, el tiempo que tardan en ponerse a máxima potencia. Si la habitación que hemos de iluminar va a mantenerse iluminada de manera más o menos continuada, es mejor adquirir bombillas con mayor eficiencia a largo plazo. Pero si no es así, lo ideal es tener lámparas que puedan encenderse y apagarse muchas veces con un lapso de tiempo breve.

También en función del uso que vamos a dar a nuestra lámpara es importante decidir por el color de esta. Este se mide en grados kelvin, y podemos decir que hay bombillas blancas frías, blancas puras, y blancas cálidas. Las frías son las más eficientes, y vienen bien para iluminar espacios amplios para espacios de uso no muy continuado, pues es más desagradable para la vista. Las puras son un término medio, y se usan para entornos de trabajo. Para terminar, las cálidas son las más placenteras para la vista, aunque son las menos eficientes. Habitualmente se usan en dormitorios, salones, o comedores.

Bombillas incandescentes

Las bombillas clásicas. Fueron desarrolladas por Joseph Wilson Swam en los años 70’ del siglo XIX, aunque Thomas Alva Edison le robase el invento y lo patentara en su nombre. Su funcionamiento es muy simple: en el interior de una ampolla de vidrio en la que se ha hecho el vacío se hace pasar una corriente eléctrica a través de un filamento de tungsteno. Este se calienta y emite luz y calor, al tiempo que el carácter inerte de la cápsula impide la combustión. Debido a que se trata del tipo de lámpara menos eficiente, en 2010, la Unión Europea comenzó a regular para que las bombillas incandescentes sean paulatinamente retiradas del mercado, y ya no se producen en la UE.

Se trata del tipo de bombilla que genera menos lúmenes por watio, por lo que no son recomendables. Aumentarán tu factura energética y no son precisamente amables con el medio ambiente. Eso sí, se tratan de las más baratas, con diferencia, aunque también es cierto que, al ser las que menos tiempo duran actualmente, acaban saliendo más caras que sus contrapartidas. Debido a que genera mucho calor (que habitualmente es energía desperdiciada) sí que suelen emplearse para usos más específicos, como es el caso de los hornos de bombilla, o como fuente de calor en los terrarios de reptiles.

Lámparas halógenas

Se trata de una evolución de la bombilla incandescente para aumentar sus lúmenes y su eficiencia. En el caso de las bombillas halógenas, un filamento de wolframio (no de tungsteno) es contenido en una ampolla llena de un gas inerte y de una pequeña porción de otro gas halógeno. Al hacer pasar electricidad a través del filamento, se activa un proceso conocido como “ciclo halógeno”, que permite alcanzar altas cotas de luminosidad. Para que se de lugar, la bombilla ha de calentarse, como mínimo, hasta los 250 grados, por lo que su manipulación puede ser peligrosa.

Aunque no se trata de las lámparas más eficientes del mercado, suponen una mejora respecto de las incandescentes convencionales. Al iluminarse de forma instantánea, están indicadas para encendidos y apagados rápidos, y su alta potencia las hace idóneas para iluminar exteriores. Eso sí, tan solo emiten luz blanca.

Bombillas de bajo consumo

Este tipo de lámparas emplean la tecnología de las lámparas fluorescentes alargadas, retorciendo un tubo de este tipo. La razón para ello es que es que la luminosidad depende de la superficie del tubo expuesta. Son más caras que las bombillas de tecnología incandescente, pero su consumo es muy inferior: en torno a ¼ del de una bombilla tradicional. Además tienen una vida mucho más larga.

Sin embargo, no todo son ventajas: las lámparas fluocompactas, como también son conocidas, no están recomendadas para zonas de paso, pues los encendidos y apagados constantes reducen mucho su vida media. Además, no son en absoluto saludables y amables con el medio ambiente, ya que contienen mercurio, un metal neurotóxico. Nunca te deshagas de una bombilla fluorescente de manera convencional: has de llevarla a un punto limpio. Si accidentalmente se te rompe, sal de la habitación y abre todas las ventanas para facilitar la ventilación, y nunca toques con las manos desnudas los restos de la bombilla: el mercurio atraviesa la piel.

Además, si deseas iluminar una habitación con equipos de reproducción y grabación de sonido de alta fidelidad, no optes por las lámparas fluocompactas. Sus componentes electrónicos pueden interferir con los equipos, produciendo ruido.

Lámparas LED

Se trata del tipo de bombilla más reciente. Desde hace unos diez años, han ido ocupando cada vez más posiciones debido a su altísima eficiencia, durabilidad y polivalencia. Este tipo de fuentes de luz emplean diodos led, una tecnología conocida desde hace décadas, para emitir luz de forma masiva. Puesto que cada led emite pocos lúmenes, se suelen combinar muchos de esos para alcanzar altas cotas de iluminación. Las lámparas led no pierden vida por los encendidos continuos, y son altamente personalizables: un led puede emitir luz de cualquier color. Además, no emiten calor.

Eso sí, son las bombillas más caras del mercado, aunque el hecho de que duren hasta 50 veces más que las incandescentes y que consuman 13 veces menos compensan los costes iniciales con creces. Al contrario que las lámparas fluorescentes, no contiene tóxicos, y su fabricación no es muy contaminante.

Esperamos haberte resuelto las dudas que pudieras tener respecto de los tipos de bombillas y que a partir de ahora encuentres nuevas maneras para ahorrar en tu factura de la luz. Si quieres seguir ahorrando, te recomendamos echarle un ojo a nuestro comparador de tarifas de luz para encontrar la mejor tarifa de luz con la que pagar el menor precio.

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