La historia del gas natural

En términos mundiales, alrededor de un 17% de las necesidades energéticas son cubiertas mediante gas natural. Esta sustancia, que se compone, esencialmente, de metano, dióxido de carbono, vapor de agua, helio y nitrógeno, se encuentra frecuentemente asociada a yacimientos de petróleo o carbón. Como estos últimos, el gas natural es un combustible fósil, derivado de de la descomposición anaeróbica de materia orgánica bajo intensas condiciones de calor y presión. Pero, ¿cuándo descubrimos las propiedades del gas natural? ¿Y cómo comenzamos a extraerlo?

Gasoducto en construcción

Los primeros yacimientos de gas natural de los que tenemos constancia que fueran descubiertos por el ser humano se ubican cerca de Irán hacia el 2000 antes de Cristo. Sabemos que una serie de pozos de gas que habían aflorado de forma natural fueron incendiados, probablemente por rayos o por algún incendio natural. Esto causó que ardieran de forma ininterrumpida hasta que el yacimiento quedó vacío. Es algo similar a lo que lleva pasando desde 1971 en Darvaza (Turkmenistán), donde un pozo fue prendido tras descubrirse que coronaba una cámara de gas, bajo la previsión de que se extinguiera de forma natural en unos días. Sin embargo, aún hoy arde, 50 años después.

Muchos siglos después, alrededor del 125 a.c., sabemos que se produjo la primera perforación artificial de un pozo de gas natural, en China. Dicha infraestructura alcanzó unos 150 metros de profundidad, y se emplearon tuberías hechas con cañas huecas de bambú. No es raro, pues sabemos que, en dicha época y lugar, el petróleo era también empleado de forma cotidiana como elemento de elaboración de medicinas y otras sustancias, como cosméticos. Probablemente se descubriera el gas natural como consecuencia de las tímidas primeras prospecciones en búsqueda de crudo.

Pozo de Darvaza

Los registros modernos más arcaicos en referencia al gas natural se ubican en el Reino Unido, hacia el 1660. Aunque se sabía acerca del poder energético de la sustancia, la dificultad para transportarlo (al contrario que el carbón y que, más tarde, el petróleo) lo mantuvo alejado de los usos industriales hasta finales del siglo XVIII. Por el momento, sería el carbón, debido a su abundancia en las Islas Británicas, y por su extrema facilidad de transporte y de extracción (esto, en comparación con los otros combustibles fósiles), el que impulsara la primera revolución industrial.

Durante los primeros años del siglo XIX, el gas natural se asentaría en algunas zonas muy concretas como combustible para el alumbrado urbano. Es el caso de ciertos barrios londinenses y parisinos, aunque también alcanzaría poco tiempo después algunas ciudades grandes en España. Antes del gas natural, existieron formas muy ineficientes de iluminar las grandes urbes. Por ejemplo, en Asiria, sabemos que se empelaban candelarias de aceite para ello. Existe una legislación francesa del siglo XVI que obligaba a los residentes de cada casa a colocar un farol en la puerta de sus casas. También se organizaron patrullas para encender y apagar las primeras lámparas públicas, de mecha y aceite en su mayoría.

Farolero encendiendo una lámpara de gas natural

La iluminación por gas natural se mantendría hasta el auge de la bombilla incandescente y la generalización de la electricidad, a finales del siglo XIX. Durante todo ese período, la figura del farolero fue especialmente relevante. Este puesto de trabajo estaba dedicado a encender y a apagar las lámparas cada día, mediante una larga vara con una mecha.

Fue en 1821 cuando, en Nueva York, se transportó por primera vez el gas natural mediante conducciones de cobre hasta los consumidores domésticos, con el fin de generar luz. En cualquier caso, este tipo de tuberías acababan generando fugas. El gas natural, al ser extraído de la tierra, tiene gases corrosivos, que acaban produciendo grietas en su confinamiento. Para evitar esto, ha de ser tratado. En cualquier caso, en 1890 fueron inventadas nuevas uniones antifugas, que mitigaban estos efectos, haciendo posible llevar por tuberías el gas natural hasta a 150 kilómetros de distancia. Esto fue el punto de partida de nuestros actuales gasoductos, que cruzan todos los continentes salvo la Antártida, y algunos mares, como el Mar del Norte o el Mediterráneo.

Gasoducto en México

Esos gigantescos gasoductos, cuyo principal propósito no es ya la distribución, sino el transporte del gas desde sus puntos de extracción y procesamiento hasta las zonas de consumo, vieron el inicio de su era en los años 30 del siglo XX, en Estados Unidos. La conducción de gas más larga del mundo fue edificada en la URSS, en 1970, y une Europa con las plantas extractoras de Siberia.

El gas natural moderno en España

El gas natural, tal y como lo conocemos hoy en día, llega a España en la década de 1960, en forma de gas natural licuado, o GNL, mediante buques metaneros provenientes del norte de África. El combustible llegaba, principalmente, a Barcelona, donde era regasificado y empleado para abastecer a la ciudad condal. Aunque la crisis energética de los 80’ ralentizó el proceso iniciado por el GNL, se firmaron nuevos acuerdos para potenciar el desarrollo de las necesarias infraestructuras para el transporte y el consumo.

Navío metanero

A finales del siglo XX fueron exhaustos los yacimientos de Serralbo y de Gaviota, con lo que las reservas de gas natural en España pasaron a considerarse casi nulas, y se tuvo que considerar la construcción de nuevas estructuras, que, en última instancia, nos hicieron dependientes del gas extranjero. En 1993 se colocó un gasoducto que conectaba el norte de España con Francia a través de Navarra, y en 1996 se ubicó el gasoducto del Magreb, que nos conecta con las zonas de extracción argelinas a través del Mediterráneo y de Marruecos.

Ya en 2011 fue edificado el gasoducto Megdaz, que conecta Almería con la zona de Hassi R’mel, en Argelia, esta vez, sin pasar por Marruecos. Hoy en día, obtenemos mediante gasoductos un 45% de los abastecimientos de gas natural, principalmente de Argelia, Francia y Noruega. En cuanto al GNL, supone alrededor de un 55% de las importaciones, y nos proporciona gas natural de lugares muy diversos, como de los Países del Golfo Pérsico, de Trinidad y Tobago, de Perú, o de la propia Argelia, incluso.

Mapa del gasoducto Megdaz

El futuro del gas natural

Hace años que hemos sobrepasado el pico de producción de gas natural global. Lo que eso significa es que los nuevos yacimientos que se encuentren no van a bastar para cubrir nuestras actuales necesidades. En ciertas zonas, como Noruega, el Reino Unido o Venezuela, hace ya mucho desde que ese límite se sobrepasó, pero en general, en todas las grandes zonas productoras, como Canadá, Estados Unidos o el Golfo Pérsico, se va a dar la circunstancia de que las extracciones van a tener que verse reducidas por esto.

Así las cosas, no podemos confiar en el gas natural a medio y largo plazo. Además, el gas natural es una sustancia muy contaminante, pues se compone principalmente de metano que, al ser liberado a la atmósfera, genera un efecto invernadero decenas de veces superior al del dióxido de carbono. Este es el motivo por el que, en muchos yacimientos petrolíferos, el gas natural ha sido tradicionalmente quemado para evitar esos vertidos.

Planta de regasificación

En cualquier caso, al quemar gas natural se genera CO2. Aunque se produce en cantidades menores que en el caso del petróleo o en el del carbón, sigue constituyendo un importante aporte antropocéntrico al efecto invernadero, y debemos reducir y eliminar nuestro consumo de gas natural lo antes posible para evitar la catástrofe ambiental que se avecina. Confiar en las energías renovables, como es el caso de la hidroeléctrica, o de la energía marina, o en la energía nuclear, es el camino a seguir si queremos asegurar la supervivencia de nuestra sociedad.

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